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title: "La OTAN frustró una operación rusa para probar una nueva tecnología contra cables submarinos en el Ártico"
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description: "Reino Unido, Noruega y Estados Unidos detectaron cerca de Svalbard una operación clandestina de la unidad rusa GUGI destinada, según funcionarios occidentales, a ensayar una sofisticada tecnología capaz de inutilizar infraestructura submarina crítica dificultando la atribución del ataque. Los aliados siguieron y confrontaron a los sumergibles hasta impedir que completaran el ejercicio. Ningún cable resultó dañado."
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date_published: "2026-09-10T05:17:00-03:00"
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  - "OTAN"
  - "Rusia"
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category_description: "Histórico de La Pólvora."
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# La OTAN frustró una operación rusa para probar una nueva tecnología contra cables submarinos en el Ártico

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*Imagen referencial. Pixabay.*

LONDRES/OSLO.— Fuerzas de Reino Unido, Noruega y Estados Unidos frustraron durante la primavera boreal una operación clandestina rusa en aguas del Ártico destinada a probar **una nueva tecnología concebida para inutilizar cables submarinos críticos sin dejar indicios claros sobre el responsable**, según una investigación publicada este jueves 10 de septiembre por Reuters.

La operación tuvo lugar cerca del remoto archipiélago noruego de **Svalbard** y estuvo protagonizada por sumergibles vinculados a la Dirección Principal de Investigación de Aguas Profundas de Rusia, conocida por sus siglas **GUGI**, una de las unidades más reservadas del aparato militar ruso.

Dos funcionarios occidentales familiarizados con el episodio dijeron a Reuters que los sumergibles estaban simulando el despliegue de la nueva tecnología cuando una operación conjunta de los tres países consiguió localizarlos.

Los buques rusos fueron seguidos y confrontados en el mar, **no consiguieron completar el ejercicio y finalmente abandonaron la zona**. Ningún cable submarino resultó dañado.

La existencia de movimientos rusos en el Atlántico Norte no era desconocida. El [Ministerio de Defensa británico reveló públicamente el 9 de abril](https://www.gov.uk/government/speeches/defence-secretary-no9-speech-09-april-2026) que Reino Unido, Noruega y otros aliados habían desarrollado una operación para vigilar un submarino ruso de ataque clase Akula y dos submarinos especializados pertenecientes a GUGI.

El [Gobierno de Noruega confirmó entonces las actividades rusas](https://www.regjeringen.no/en/whats-new/statement-from-the-norwegian-defence-minister-tore-o.-sandvik/id3155829/) en aguas noruegas y británicas y destacó la cooperación aliada para proteger la infraestructura submarina crítica.

Sin embargo, **tres elementos fundamentales permanecieron hasta ahora fuera del conocimiento público**: la existencia de la nueva tecnología, la localización concreta de la operación cerca de Svalbard y la participación de Estados Unidos.

## Una tecnología diseñada para actuar sin dejar huellas

Los funcionarios occidentales consultados por Reuters no explicaron cómo funciona el dispositivo.

Sí lo describieron como una tecnología **sofisticada y destructiva**, concebida para neutralizar infraestructura submarina crítica dificultando al mismo tiempo la atribución de un eventual ataque.

Ese último elemento resulta especialmente relevante en el contexto de las denominadas operaciones híbridas.

La destrucción convencional de un cable mediante explosivos o mediante el arrastre deliberado de un ancla puede dejar evidencias físicas que ayuden a reconstruir lo ocurrido. Una tecnología capaz de provocar una interrupción sin señales inequívocas de sabotaje podría aumentar considerablemente la incertidumbre sobre la autoría.

Según las fuentes occidentales, el ejercicio ruso estaba destinado a **simular cómo podría desplegarse esa capacidad en caso de un conflicto con la OTAN**.

Reuters no pudo determinar independientemente las características técnicas del dispositivo. El Ministerio de Defensa ruso tampoco respondió a la solicitud de comentarios de la agencia.

El Kremlin ha negado reiteradamente que Rusia desarrolle operaciones de sabotaje contra países de la OTAN o que esté preparando una confrontación con la Alianza.

## GUGI, la misteriosa unidad rusa de las profundidades

En el centro de la operación se encuentra GUGI, la **Dirección Principal de Investigación de Aguas Profundas del Ministerio de Defensa ruso**.

Pese a su denominación aparentemente científica, los gobiernos occidentales consideran que la organización posee capacidades especializadas para operar alrededor de infraestructura estratégica situada en el fondo oceánico.

El Reino Unido sostiene oficialmente que sus unidades están diseñadas para **examinar infraestructura submarina durante tiempos de paz y disponer de capacidad para sabotearla durante un conflicto**, acusación que Londres reiteró posteriormente [ante la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa](https://www.gov.uk/government/speeches/on-russian-submarine-activity-in-the-atlantic-joint-statement-to-the-osce).

Estados Unidos y Reino Unido han impuesto sanciones a GUGI.

La operación revelada en abril involucró un submarino de ataque clase Akula y dos submarinos especializados de esta dirección. Londres respondió desplegando un buque de guerra de la Royal Navy y aviones de patrulla marítima P-8 de la Royal Air Force, además de capacidades proporcionadas por otros aliados.

La vigilancia fue extraordinariamente intensa: las aeronaves británicas acumularon **más de 450 horas de vuelo**, la fragata recorrió miles de millas náuticas y alrededor de 500 militares participaron en una operación que se prolongó durante más de un mes.

El objetivo declarado por Londres era demostrar a Moscú que sus movimientos estaban siendo observados.

Lo que no se conocía entonces era que, dentro de aquella operación más amplia, los aliados habían detectado cerca de Svalbard **el ensayo de una nueva capacidad relacionada específicamente con infraestructura submarina crítica**.

## Los cables estratégicos de Svalbard

La ubicación elegida para el ejercicio aumenta considerablemente su importancia.

Dos cables submarinos de fibra óptica de aproximadamente **1.400 kilómetros** conectan Svalbard con la Noruega continental. En algunos puntos se encuentran hasta 2.700 metros por debajo de la superficie.

No se trata únicamente de conexiones destinadas al uso cotidiano de los habitantes del archipiélago.

Los cables transportan enormes cantidades de información procedente de **SvalSat**, una estación terrestre de satélites situada en Svalbard y vinculada a la Near Space Network de la NASA.

SvalSat es considerada la mayor estación terrestre comercial de satélites del mundo. Su posición próxima al Polo Norte le permite mantener contactos especialmente frecuentes con satélites situados en órbitas polares.

Una interrupción prolongada de esas conexiones podría, por tanto, tener consecuencias que trascendieran ampliamente al pequeño archipiélago noruego.

La sensibilidad de la infraestructura no es meramente hipotética. Un cable de fibra óptica entre Svalbard y el continente **ya fue cortado en enero de 2022**. No se estableció de manera concluyente quién provocó aquella interrupción, por lo que no existe fundamento para atribuirla a Rusia.

## La batalla silenciosa bajo los océanos

Los cables submarinos constituyen una de las infraestructuras más importantes y, al mismo tiempo, menos visibles de la economía contemporánea.

Gran parte de las comunicaciones internacionales y de las transacciones financieras depende de redes de fibra óptica instaladas sobre el fondo marino. Algunos cables poseen un diámetro comparable al de una manguera doméstica pese a transportar cantidades gigantescas de información.

Su importancia estratégica no es nueva. Durante las dos guerras mundiales, las potencias atacaron cables telegráficos y telefónicos para dificultar las comunicaciones de sus adversarios.

La diferencia actual reside en la extraordinaria dependencia de las economías modernas respecto de las redes digitales.

El [Gobierno británico está preparando nuevas medidas legales para proteger sus cables submarinos](https://www.gov.uk/government/news/plan-to-toughen-protections-for-subsea-internet-cables-amid-heightened-russian-activity) y calcula que **£1,4 billones en transacciones diarias del Reino Unido dependen de esta infraestructura**.

Los cables sostienen comunicaciones personales, cadenas de suministro, servicios de emergencia, operaciones militares y buena parte del sistema financiero.

## La OTAN aumenta la vigilancia

La seguridad del fondo marino se convirtió en una prioridad para la OTAN después de la destrucción de tres de los cuatro gasoductos Nord Stream en septiembre de 2022 y de posteriores incidentes relacionados con cables y tuberías en aguas europeas.

Desde octubre de 2023 hasta finales de 2025, **al menos once cables submarinos fueron dañados o cortados en el mar Báltico**, según datos de la empresa de análisis de riesgos marítimos Windward citados por Reuters.

Los servicios de seguridad observan también otra práctica: embarcaciones que navegan lentamente sobre infraestructura submarina sensible o permanecen durante largos períodos en sus proximidades.

Este comportamiento, denominado *drifting*, puede utilizarse para localizar y cartografiar cables, gasoductos y conexiones eléctricas.

Los datos de Windward indican que esta actividad aumentó un **52 % en el mar del Norte durante 2025**, hasta alcanzar 13.079 embarcaciones, mientras en el mar de China Meridional creció un 88 %.

Cartografiar infraestructura situada en aguas internacionales no constituye por sí mismo una actividad ilegal. Especialistas en seguridad consideran, sin embargo, que un conocimiento extremadamente detallado de esas redes podría ser útil para preparar operaciones de sabotaje durante una crisis.

La OTAN respondió reforzando sus mecanismos de vigilancia mediante iniciativas como **Baltic Sentry**, mientras Reino Unido puso en funcionamiento **Nordic Warden** para supervisar amenazas contra infraestructura submarina.

## El estratégico Bear Gap

La revelación de Reuters también coloca el foco sobre una región poco conocida fuera de los círculos militares: el denominado **Bear Gap**.

Se trata de una extensa zona marítima situada entre el extremo meridional de Svalbard y la Noruega continental.

Los submarinos nucleares rusos desplegados en la península de Kola necesitan atravesar esta región para alcanzar el Atlántico antes de pasar cerca de la remota isla noruega de Jan Mayen.

La importancia estratégica del área explica el creciente interés de la OTAN.

Reino Unido informó esta semana que fuerzas británicas participaron durante agosto junto con unidades noruegas y estadounidenses en ejercicios alrededor de Jan Mayen destinados a demostrar la capacidad de los aliados para operar conjuntamente en el Alto Norte.

Noruega proyecta además disponer para 2028 de un **nuevo cable de fibra óptica que conectará Svalbard y Jan Mayen con el territorio continental**.

## Moscú recibió una advertencia directa

La respuesta occidental a la operación rusa no quedó limitada al seguimiento submarino.

Según los funcionarios consultados por Reuters, mientras se desarrollaba la confrontación en el mar, **autoridades británicas y noruegas trasladaron sus conclusiones directamente a Moscú**.

El objetivo era demostrar que los aliados conocían la nueva capacidad y esperaban que esa revelación disuadiera a Rusia de utilizarla.

El ministro de Defensa noruego, Tore Sandvik, confirmó a Reuters que la operación conjunta pretendía enviar un mensaje inequívoco: Rusia no puede operar clandestinamente y cualquier intento de atacar infraestructura crítica será detectado y tendrá consecuencias.

Oslo, no obstante, añadió un elemento de contención: **no interesa a ninguna de las partes una escalada de las tensiones en el Alto Norte**.

## Una vulnerabilidad estratégica de Europa

La preocupación occidental tampoco se limita a Rusia.

Especialistas en seguridad consideran que Rusia y China están incrementando sus actividades submarinas, mientras la infraestructura instalada sobre el fondo oceánico continúa expandiéndose para satisfacer una demanda creciente de datos y electricidad.

Europa enfrenta además una paradoja acumulada durante las últimas décadas.

Bruce Jones, investigador sénior de la Brookings Institution, resumió el problema a Reuters: durante los últimos 25 años, Europa aumentó extraordinariamente su dependencia de la infraestructura submarina al mismo tiempo que reducía su capacidad para protegerla.

Esa tendencia comienza ahora a revertirse mediante nuevas inversiones militares, patrullas y sistemas de vigilancia.

La operación descubierta cerca de Svalbard muestra por qué.

En un eventual enfrentamiento entre Rusia y la OTAN, un ataque estratégico no tendría necesariamente que dirigirse contra una ciudad, una base aérea o una columna militar. Podría desarrollarse **a miles de metros de profundidad, contra cables casi invisibles de los que dependen comunicaciones, mercados financieros y sistemas estratégicos occidentales**.

La confrontación ocurrida esta primavera en las aguas del Ártico ofrece así una señal de que esa dimensión submarina de la rivalidad entre Rusia y Occidente ha dejado de pertenecer únicamente al terreno de las hipótesis militares.

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