
El BIS advierte que el auge mundial de inversión en IA empieza a crear riesgos para la estabilidad financiera
Redacción
BASILEA.— El extraordinario crecimiento de la inteligencia artificial está generando nuevos riesgos para la estabilidad financiera mundial, advirtió este jueves 10 de septiembre Pablo Hernández de Cos, director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS), ante la velocidad y magnitud de las inversiones destinadas a centros de datos, semiconductores y otras infraestructuras necesarias para desarrollar esta tecnología.
La advertencia no equivale a afirmar que la inteligencia artificial constituya una burbuja destinada a estallar. Hernández de Cos subrayó que “la promesa de la IA es real” y destacó su potencial para elevar la productividad. El problema señalado por el BIS es financiero: las inversiones están alcanzando dimensiones extraordinarias, las expectativas de rentabilidad son elevadas y una proporción creciente de la expansión comienza a financiarse mediante deuda y mecanismos privados menos transparentes.
Según el Informe Económico Anual 2026 del BIS, los cinco mayores hyperscalers destinarán más de US$1 billón a gastos de capital relacionados con IA entre 2025 y 2026. Estos compromisos están creciendo más rápidamente que los beneficios y el flujo de caja libre de las compañías, llevando a algunas de ellas a recurrir al endeudamiento para financiar nuevas inversiones.
De los beneficios a la deuda
Durante la primera etapa del auge, los grandes grupos tecnológicos podían financiar buena parte de su expansión mediante sus enormes flujos de caja. La construcción acelerada de centros de datos y capacidad informática está modificando ese modelo.
La emisión bruta de bonos de los grandes hyperscalers superó los US$100.000 millones en 2025, de acuerdo con un estudio del BIS sobre la financiación de la infraestructura de inteligencia artificial. La mayor parte correspondió a deuda de largo plazo destinada a asegurar recursos para proyectos que requieren varios años de construcción.
Paralelamente están creciendo estructuras de financiación fuera de balance. En algunos casos, vehículos independientes —creados conjuntamente con fondos de crédito privado u otros inversores— construyen o adquieren centros de datos y posteriormente los arriendan a las grandes tecnológicas mediante contratos de largo plazo.
El BIS denomina a estas estructuras “endeudamiento en la sombra” (shadow borrowing) porque generan obligaciones económicamente similares a la deuda aunque gran parte del pasivo permanezca fuera del balance directo de la empresa tecnológica.
El fenómeno crea además nuevas conexiones entre grandes compañías tecnológicas, fondos de crédito privado, aseguradoras y bancos. Estos últimos pueden proporcionar líneas de financiación a los vehículos utilizados para construir la infraestructura, abriendo posibles canales de transmisión de una perturbación financiera.
¿Una nueva burbuja tecnológica?
El BIS evita establecer una equivalencia automática entre el actual auge de la inteligencia artificial y anteriores burbujas especulativas.
Hernández de Cos señaló que existen evidencias de incrementos significativos de productividad en determinadas tareas, especialmente programación, consultoría y escritura profesional. Los estudios examinados encuentran mejoras que oscilan entre el 10 % y el 65 % en actividades concretas.
La cuestión es cuánto de ese aumento terminará trasladándose a la productividad del conjunto de la economía. Las estimaciones actuales citadas por Hernández de Cos apuntan a que la IA podría incrementar el crecimiento de la productividad total de los factores alrededor de medio punto porcentual anual, dependiendo de la velocidad de adopción y de la capacidad para reasignar trabajadores y capital.
El riesgo aparece cuando esas posibilidades tecnológicas se confrontan con las expectativas financieras.
Las valoraciones de las empresas situadas en el centro del desarrollo de IA son elevadas y, según el BIS, los mercados están incorporando expectativas de crecimiento de beneficios superiores a los patrones históricos recientes. Una decepción sobre los retornos comerciales podría provocar una revisión de esas valoraciones y una reducción de las inversiones.
Hernández de Cos comparó el fenómeno con otros grandes ciclos históricos de inversión, desde la expansión ferroviaria hasta el auge de Internet y las empresas dotcom. La comparación no constituye una predicción de colapso, sino una advertencia sobre los excesos financieros que pueden acompañar incluso a tecnologías capaces de transformar profundamente la economía.
US$4 billones de inversión hacia 2030
La dimensión futura del fenómeno podría ser todavía mayor.
Previsiones de la industria citadas por Reuters indican que la inversión mundial vinculada con inteligencia artificial podría pasar de aproximadamente US$500.000 millones actualmente a hasta US$4 billones en 2030. Esta última cifra no constituye una previsión propia del BIS, sino una proyección sectorial utilizada para ilustrar la magnitud potencial del ciclo inversor.
La competencia entre los grandes desarrolladores contribuye a alimentar esa expansión. El BIS considera que parte de la carrera inversora puede explicarse por la percepción de que un número reducido de empresas con tecnología superior terminará dominando el mercado.
El incentivo es evidente: ninguna compañía quiere quedarse rezagada si la inteligencia artificial produce las transformaciones económicas que anticipan sus defensores. Pero esa misma competencia puede llevar a varias empresas a comprometer simultáneamente recursos excesivos en proyectos cuyos retornos todavía son inciertos.
Un riesgo que ya trasciende a las tecnológicas
Una eventual corrección no afectaría solamente a los gigantes de Silicon Valley.
La infraestructura de IA involucra una extensa cadena formada por fabricantes de semiconductores, compañías eléctricas, constructores de centros de datos, proveedores de equipamiento y empresas especializadas en servicios informáticos.
El BIS advierte que algunos contratistas vinculados a la construcción de estas instalaciones poseen balances comparativamente débiles. Una reducción abrupta del gasto de los grandes hyperscalers podría disminuir sus ingresos y dificultar el pago de sus deudas.
Los mercados de renta fija constituyen otro posible canal de contagio debido al creciente volumen de deuda emitida por empresas tecnológicas, laboratorios de IA y compañías que participan en la construcción de infraestructura.
Si el optimismo sobre la inteligencia artificial se revirtiera, una caída de las acciones podría provocar también una reevaluación del riesgo corporativo y endurecer las condiciones de crédito.
La elevada concentración bursátil amplifica ese riesgo. Las acciones estadounidenses representan aproximadamente el 64 % del índice MSCI Global, por lo que una fuerte corrección originada en Estados Unidos podría tener efectos patrimoniales y económicos mucho más allá de ese país.
La IA está modificando el comercio mundial
El auge también está transformando los flujos comerciales internacionales.
Economías estrechamente integradas en la cadena de suministro tecnológica, como Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Malasia, se han beneficiado del aumento de la demanda y de los precios de exportación de chips y equipamiento relacionado con inteligencia artificial.
El BIS había señalado recientemente que las exportaciones de productos electrónicos impulsadas por la IA llegaron a representar más del 70 % del crecimiento de las exportaciones asiáticas en lo que va de 2026, frente al 46 % registrado en 2024.
Esto significa que una desaceleración importante de la inversión ya no tendría consecuencias únicamente para Estados Unidos. Una caída pronunciada de la demanda de semiconductores y centros de datos podría repercutir sobre algunas de las principales economías exportadoras de Asia y, a través de ellas, sobre el comercio mundial.
Productividad, pero también desplazamiento laboral
El otro gran interrogante se encuentra en el mercado laboral.
Hernández de Cos considera que la IA generativa puede complementar las capacidades de los trabajadores y elevar su productividad, pero también sustituir determinadas tareas cognitivas rutinarias.
Hasta ahora, las pérdidas de puestos de trabajo directamente atribuibles a la inteligencia artificial siguen siendo limitadas. Sin embargo, el BIS observa señales incipientes en atención al cliente, programación y determinadas funciones administrativas, aumentando la importancia de la formación y reconversión profesional.
Las economías avanzadas podrían beneficiarse inicialmente en mayor medida debido al peso de sus sectores de servicios y a su preparación tecnológica. Para los países emergentes, el resultado dependerá de factores como la infraestructura digital, el capital humano y su capacidad para incorporarse a las nuevas cadenas productivas.
Un nuevo desafío para los bancos centrales
La inteligencia artificial plantea además un problema particularmente complejo para las autoridades monetarias porque puede modificar simultáneamente la demanda, la oferta y los mercados financieros.
La construcción masiva de centros de datos incrementa a corto plazo la inversión y la demanda de electricidad, semiconductores y otros insumos. Si posteriormente la tecnología produce las ganancias de productividad esperadas, también podría aumentar la capacidad productiva de las economías.
A ello se suma el comportamiento de los mercados, que intentan anticipar hoy beneficios que podrían materializarse muchos años después.
Para los bancos centrales, esto dificulta determinar cuánto está creciendo realmente la capacidad de una economía, cuál es el nivel sostenible de la demanda y qué parte del aumento de las valoraciones financieras responde a mejoras estructurales o a un optimismo excesivo.
Hernández de Cos sostuvo que la inteligencia artificial no modifica los mandatos de los bancos centrales, pero sí vuelve más compleja la interpretación de las condiciones económicas sobre las que deben tomar sus decisiones.
Una revolución real con riesgos financieros reales
La advertencia del BIS contiene una distinción fundamental: el potencial tecnológico de la inteligencia artificial y la sostenibilidad financiera de las inversiones realizadas para desarrollarla son cuestiones diferentes.
Una tecnología puede transformar la economía y, simultáneamente, generar excesos de inversión y endeudamiento durante su expansión. El ferrocarril revolucionó el transporte pese a las crisis financieras vinculadas a su desarrollo; Internet modificó la economía mundial aunque numerosas empresas desaparecieron después del estallido de la burbuja dotcom.
El BIS no sostiene que ese desenlace vaya a repetirse con la inteligencia artificial. Advierte, en cambio, que las elevadas valoraciones, el aumento del endeudamiento, la concentración del mercado y unas estructuras privadas de financiación poco transparentes podrían amplificar las consecuencias de una decepción sobre la rentabilidad de las inversiones.
Con más de US$1 billón comprometido por los cinco mayores hyperscalers entre 2025 y 2026 y una inversión mundial que, según previsiones sectoriales, podría alcanzar varios billones de dólares antes del final de la década, la carrera por desarrollar inteligencia artificial ha dejado de ser únicamente una cuestión tecnológica.
También se ha convertido en un asunto de estabilidad financiera global.


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