
El futuro también necesita oportunidades
Ser joven en Bolivia implica hoy enfrentarse a una paradoja. Somos una generación más conectada y con mayor acceso a información y formación que las anteriores, pero eso no siempre se traduce en oportunidades para construir un proyecto de vida.
El empleo es una de las primeras barreras. Un estudio sobre empleo juvenil urbano encontró que 6 de cada 10 jóvenes demoraban entre cuatro meses y más de un año en conseguir un nuevo trabajo (Fundación Jubileo, 2023). No se trata solo de encontrar empleo, sino de acceder a uno que permita crecer, ahorrar e independizarse.
Luego aparece el acceso al financiamiento. Entre los jóvenes de 18 a 28 años encuestados por la ASFI, solo el 35% tenía algún préstamo en el sistema financiero (ASFI, 2023). El dato no significa que todos los demás hayan sido rechazados, pero sí muestra una baja penetración del crédito en una etapa en la que se necesita capital para estudiar, emprender, comprar una vivienda o construir patrimonio. Entre quienes no acceden al crédito, los requisitos, los ingresos insuficientes y los intereses aparecen entre las principales barreras (ASFI, 2024).
El resultado es un círculo difícil de romper: para acceder a mejores oportunidades se necesita experiencia, ingresos, garantías o patrimonio; pero para construirlos primero se necesita una oportunidad.
Quizás por eso la conversación sobre fuga de cerebros no debería empezar en el aeropuerto. Una investigación sobre intención migratoria mostró que casi uno de cada dos jóvenes bolivianos con estudios universitarios incompletos consideraba emigrar (Fundación ARU, 2025). No es una tasa de emigración efectiva, pero sí revela algo más preocupante: muchos jóvenes empiezan a imaginar su futuro fuera del país.
La fuga de talento comienza mucho antes de comprar un pasaje. Comienza cuando una persona deja de creer que su esfuerzo podrá convertirse aquí en progreso.
Por eso, la respuesta no puede limitarse a pedirles a los jóvenes que “emprendan”, que “se esfuercen más” o que “no se vayan”. Necesitamos reducir las barreras de entrada a la vida adulta: programas de primer empleo que generen experiencia, formación conectada con las necesidades productivas, crédito que evalúe potencial y no solo patrimonio previo, y mecanismos que permitan financiar estudios, emprendimientos y vivienda sin exigir aquello que todavía se está intentando construir.
También necesitamos empresas dispuestas a apostar por talento joven, universidades más vinculadas con el mercado laboral, instituciones públicas capaces de simplificar trámites y políticas que impulsen sectores donde puedan crecer profesionales, técnicos y emprendedores. Retener talento no significa cerrar puertas para que nadie se vaya; significa abrir suficientes puertas aquí para que quedarse sea una opción competitiva.
Bolivia todavía tiene una enorme oportunidad en su juventud. Pero ninguna ventaja demográfica es eterna y ningún talento permanece donde siente que no puede crecer. Hablar de jóvenes como “el futuro” suena bien; construir condiciones para que progresen hoy es mucho más difícil.
El desafío no es convencerlos de que se queden. Es construir un país en el que quedarse, emprender, trabajar y construir un proyecto de vida también sea una buena decisión.
Sebastian Crespo Postigo es Economista, MBA & Master en Dirección de Proyectos


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