OpenAI afirma que una IA resolvió el problema de Navier–Stokes, uno de los grandes desafíos de las matemáticas

OpenAI publicó una demostración generada por inteligencia artificial que, según la compañía, resuelve una de las formulaciones del problema de existencia y regularidad de Navier–Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio. Hasta 10.000 agentes de IA trabajaron simultáneamente durante unas 88 horas para encontrar la prueba, posteriormente formalizada en Lean. El anuncio podría constituir un hito en la aplicación de inteligencia artificial a las matemáticas, aunque su alcance y reconocimiento definitivo deberán ser examinados por especialistas independientes.
Internacional08 de septiembre de 2026RedacciónRedacción
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Ilustración: Pixabay.

SAN FRANCISCO.— OpenAI anunció este martes 8 de septiembre que un sistema experimental de inteligencia artificial desarrolló una demostración para el problema de existencia y regularidad de las ecuaciones de Navier–Stokes, uno de los grandes problemas abiertos de las matemáticas y uno de los siete desafíos por cuya resolución el Clay Mathematics Institute estableció premios de un millón de dólares.

La compañía publicó tanto la demostración matemática como una formalización realizada en Lean, un asistente de demostración que permite comprobar mediante software que cada paso lógico se deriva de los supuestos establecidos. OpenAI sostiene que el resultado demuestra que determinadas soluciones tridimensionales de las ecuaciones pueden desarrollar una singularidad en un tiempo finito, incluso partiendo de un fluido inicialmente suave y en reposo.

La afirmación es extraordinaria, pero requiere una precisión fundamental. El resultado utiliza una fuerza externa suave aplicada al fluido y OpenAI sostiene específicamente que de esta manera establece las alternativas C y D contempladas en la formulación oficial del Problema del Milenio. Por ello, el anuncio no debe confundirse sin más con todas las variantes conocidas del problema de Navier–Stokes ni presentarse como si cualquier flujo tridimensional desarrollara necesariamente singularidades.

Un problema abierto desde hace generaciones

Las ecuaciones de Navier–Stokes describen matemáticamente el movimiento de los fluidos. Formuladas durante el siglo XIX a partir de los trabajos de Claude-Louis Navier y George Gabriel Stokes, constituyen uno de los fundamentos de la dinámica de fluidos y se utilizan para estudiar fenómenos tan diferentes como el movimiento del agua, las corrientes atmosféricas, la aerodinámica de un avión o la circulación de la sangre.

El problema aparece cuando se intenta determinar qué ocurre matemáticamente con esas ecuaciones en tres dimensiones. Bajo determinadas condiciones iniciales suaves, los matemáticos quieren saber si sus soluciones permanecen igualmente regulares durante todo el tiempo o si pueden desarrollar una singularidad, un punto en el que determinadas magnitudes dejan de mantenerse acotadas.

La dificultad ha resistido décadas de investigación. En el año 2000, el Clay Mathematics Institute incluyó la existencia y regularidad de Navier–Stokes entre sus siete Problemas del Milenio, acompañados de un premio de un millón de dólares para cada solución reconocida. Hasta ahora, solamente uno de los siete —la conjetura de Poincaré— había sido resuelto y reconocido, gracias al trabajo del matemático ruso Grigori Perelman.

Diez mil agentes de IA trabajando simultáneamente

La forma en que OpenAI asegura haber llegado al resultado es casi tan significativa como la propia demostración. La compañía comenzó el 28 de agosto a entrenar un nuevo modelo interno que, según afirma, mostró un rendimiento matemático considerablemente superior al de sus sistemas anteriores. El modelo todavía no ha sido presentado públicamente.

Después de conocer rumores de que investigadores externos estaban logrando avances en dos Problemas del Milenio, OpenAI decidió el 1 de septiembre someter su nuevo sistema a los grandes problemas todavía abiertos. En lugar de utilizar una única instancia de inteligencia artificial, desplegó una arquitectura formada por miles de agentes capaces de investigar simultáneamente, consultar información, ejecutar código, desarrollar aproximaciones diferentes y coordinar sus resultados.

Según la reconstrucción publicada por EFE, hasta 10.000 agentes trabajaron paralelamente durante aproximadamente 88 horas. El esfuerzo produjo un documento matemático de alrededor de 165 páginas y una formalización de la demostración mediante Lean.

OpenAI sostiene que el resultado muestra cómo un fluido inicialmente suave y en reposo puede evolucionar, bajo la acción de una fuerza externa igualmente suave, hasta desarrollar una singularidad en un tiempo finito mientras mantiene energía finita durante el proceso.

¿Qué significa que la prueba esté formalizada en Lean?

Uno de los aspectos que diferencia el anuncio de una simple respuesta producida por un modelo de lenguaje es la utilización de Lean, un sistema de demostración formal empleado cada vez con mayor frecuencia en matemáticas y ciencias de la computación.

Una demostración convencional es escrita para que otros matemáticos puedan leerla, comprenderla y detectar posibles errores. Una formalización obliga además a expresar sus argumentos en un lenguaje matemático preciso que puede ser verificado paso a paso por una computadora. Esto reduce considerablemente la posibilidad de determinados errores lógicos que podrían pasar inadvertidos en un texto extremadamente complejo.

Sin embargo, una formalización correcta no resuelve automáticamente todas las cuestiones científicas sobre el significado y alcance del resultado. El sistema comprueba que una conclusión se deriva de determinadas definiciones y premisas formalizadas; los especialistas deben examinar también si esas definiciones corresponden exactamente al problema que se afirma haber resuelto y cómo se relaciona la demostración con la formulación establecida por el Clay Mathematics Institute.

Ese matiz resulta especialmente importante en este caso porque la demostración anunciada por OpenAI incorpora una fuerza externa suave, característica prevista dentro de determinadas alternativas de la formulación oficial pero diferente de la versión sin forzamiento que suele protagonizar las explicaciones populares del problema.

OpenAI no reclamará el millón de dólares

Pese a afirmar que su resultado establece las alternativas C y D del Problema del Milenio, OpenAI anunció que no pretende solicitar el premio de un millón de dólares establecido por el Clay Mathematics Institute.

La compañía explica que su propósito consiste en publicar el resultado y mostrar el progreso alcanzado por sus sistemas de inteligencia artificial en investigación matemática. El procedimiento del Clay, además, no consiste en aceptar inmediatamente una demostración anunciada por sus autores: un resultado debe ser publicado, examinado por la comunidad matemática y satisfacer los requisitos establecidos por la institución antes de poder obtener reconocimiento formal.

Por esa razón, la formulación periodística más prudente sigue siendo que OpenAI afirma haber resuelto el problema, y no que Navier–Stokes haya quedado definitivamente cerrado para la comunidad matemática.

Una carrera entre matemáticos e inteligencia artificial

El anuncio llega en momentos en que diferentes laboratorios de inteligencia artificial están consiguiendo avances cada vez mayores en matemáticas. Sistemas desarrollados por OpenAI, Anthropic y Google han demostrado capacidades crecientes para elaborar pruebas, verificar argumentos y explorar problemas que anteriormente exigían una intervención humana prácticamente completa.

El episodio de Navier–Stokes muestra una transformación adicional: en lugar de utilizar la IA únicamente como asistente de un matemático, OpenAI organizó miles de agentes artificiales como una estructura colectiva de investigación, asignando recursos computacionales masivos a la exploración simultánea de diferentes caminos hacia una demostración.

Si el resultado supera el escrutinio especializado, la relevancia excedería ampliamente al problema concreto. Demostraría que sistemas de IA pueden producir aportes originales en problemas matemáticos situados en la frontera del conocimiento, una capacidad con potenciales repercusiones para física, química, ingeniería y otras disciplinas científicas.

Una controversia sobre la procedencia de las ideas

La publicación, sin embargo, también abrió una controversia relacionada con el trabajo del matemático Tristan Buckmaster, de la Universidad de Nueva York, y de Levent Alpöge, matemático que trabaja en Anthropic. Ambos habían investigado problemas estrechamente relacionados con singularidades en ecuaciones de fluidos y utilizaron herramientas de inteligencia artificial durante sus investigaciones.

The Guardian informó sobre las dudas planteadas por Buckmaster, quien cuestionó si información introducida durante el uso de herramientas de OpenAI pudo haber influido indirectamente en el desarrollo del sistema que posteriormente produjo la demostración.

OpenAI niega haber accedido indebidamente a la investigación de Buckmaster y Alpöge y sostiene que su resultado fue obtenido independientemente. La compañía ha reconocido, sin embargo, que no puede excluir completamente que información anonimizada procedente del uso de sus sistemas hubiera contribuido de manera indirecta al entrenamiento de sus modelos.

Las posiciones están enfrentadas y no existe por ahora evidencia pública suficiente para determinar que OpenAI utilizara indebidamente el trabajo de los investigadores. La controversia debe mantenerse separada de otra cuestión igualmente importante: si la demostración matemática publicada por la compañía es correcta y cuál es exactamente su alcance.

Una nueva frontera para la investigación científica

El episodio plantea una cuestión que probablemente irá mucho más allá de Navier–Stokes. Si sistemas de inteligencia artificial comienzan a producir resultados científicos originales, las comunidades académicas deberán determinar cómo evaluar su autoría, cómo reconocer las contribuciones humanas que alimentan esos sistemas y qué mecanismos permitirán reconstruir la procedencia intelectual de un descubrimiento.

También podría cambiar la propia velocidad de la investigación. Un equipo humano dispone de un número limitado de investigadores capaces de explorar simultáneamente distintas hipótesis; una infraestructura computacional puede desplegar miles de agentes, descartar rápidamente caminos improductivos y concentrar recursos en aquellos que parecen prometedores.

Eso no elimina la función de los científicos. Al contrario, puede desplazarla hacia la formulación de problemas, interpretación de resultados, comprobación independiente y determinación de qué conclusiones tienen verdadero significado científico.

El anuncio de OpenAI debe superar precisamente esa etapa. La compañía ha puesto a disposición pública su demostración y su formalización para que los matemáticos puedan examinarlas. Solo ese proceso permitirá determinar si estamos ante la resolución reconocida de uno de los grandes problemas de las matemáticas modernas y cuál es el alcance exacto de la prueba.

Hasta entonces, el hecho comprobado ya resulta significativo: un sistema de inteligencia artificial ha producido y formalizado una demostración que su desarrollador sostiene que resuelve una formulación oficial del problema de Navier–Stokes. Si el escrutinio matemático confirma esa conclusión, el 8 de septiembre de 2026 podría quedar señalado como un momento importante tanto para la historia de las matemáticas como para la de la inteligencia artificial.

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