
Estados Unidos llevará al G20 su ofensiva económica contra Irán
Redacción
WASHINGTON.— Estados Unidos buscará aprovechar la próxima reunión financiera del G20 en Carolina del Norte para recabar apoyo a su campaña de presión económica contra Irán, mientras la Administración de Donald Trump advierte que países y entidades que mantengan determinados vínculos comerciales o financieros con Teherán podrían quedar expuestos a sanciones secundarias estadounidenses.
La reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales se celebrará el 31 de agosto y 1 de septiembre en Asheville, bajo la conducción del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent. Los viceministros, delegados y altos funcionarios se reunirán previamente los días 29 y 30 de agosto, de acuerdo con el calendario oficial del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
La agenda formal incluye crecimiento económico, desequilibrios globales, deuda soberana y cadenas de suministro, pero Washington pretende aprovechar particularmente las reuniones bilaterales para plantear su estrategia contra Teherán. Reuters informó que funcionarios estadounidenses esperan recabar respaldo de otros miembros del G20 y reiterar las posibles consecuencias de mantener determinadas relaciones económicas con Irán.
Washington amplía la presión económica
La estrategia forma parte de una campaña denominada Operation Economic Outcast, mediante la cual la Administración Trump pretende intensificar el aislamiento financiero de Irán.
El Gobierno estadounidense sancionó esta semana a 60 personas, entidades y embarcaciones vinculadas con Irán y amplió el alcance potencial de sus sanciones secundarias hacia actividades relacionadas con activos digitales, oro, tecnología, aviación y transporte marítimo, según Reuters.
El secretario del Tesoro ha advertido que Washington puede adoptar nuevas medidas contra países y entidades que continúen facilitando las relaciones económicas de Teherán. La capacidad estadounidense para restringir el acceso al dólar y a su sistema financiero convierte las sanciones secundarias en una herramienta con consecuencias potencialmente significativas para empresas y bancos extranjeros.
La cuestión resulta particularmente delicada en el caso de China, uno de los principales socios económicos de Irán y un comprador fundamental de su petróleo. Washington, sin embargo, evitó en la última ronda de medidas sancionar directamente a importantes instituciones financieras chinas relacionadas con ese comercio.
Esa cautela se produce mientras Estados Unidos y China mantienen abiertos sus propios canales de negociación económica y diplomática. La presión sobre Pekín será por ello uno de los aspectos a observar durante las conversaciones del G20, aunque Washington no ha anunciado hasta ahora sanciones generales contra China por sus relaciones con Irán.
Ormuz continúa condicionando la economía mundial
La ofensiva económica estadounidense se desarrolla mientras persisten las restricciones en el estrecho de Ormuz, una de las principales rutas energéticas del planeta.
La Pólvora informó anteriormente que los nuevos ataques redujeron el tráfico marítimo por Ormuz a niveles mínimos, mientras Estados Unidos e Irán mantenían posiciones enfrentadas sobre la normalización de la navegación.
La prolongación de la crisis ha repercutido también sobre los mercados financieros. El encarecimiento de la energía y la incertidumbre geopolítica contribuyeron recientemente a que la crisis de Oriente Medio llevara los rendimientos de la deuda estadounidense a niveles no vistos desde 2007.
El Gobierno iraní rechaza la ofensiva estadounidense y ha descrito la intensificación de las medidas como una “guerra económica”, mientras Washington sostiene que mantendrá la presión hasta que Teherán muestre disposición a negociar en condiciones consideradas aceptables por Estados Unidos.
China, Irán y los desequilibrios globales llegan al G20
La cuestión iraní será solo una parte de una agenda económica más amplia. Estados Unidos pretende utilizar su presidencia del G20 para discutir también los desequilibrios comerciales internacionales, la sostenibilidad de las deudas públicas y la resiliencia de las cadenas de suministro, particularmente en sectores estratégicos como la energía.
Washington sostiene que la competencia internacional debe estar basada en productividad e innovación y no en capacidades productivas excesivas respaldadas por políticas estatales. Aunque los funcionarios estadounidenses no identificaron directamente a China al presentar ese punto de la agenda, las preocupaciones coinciden con críticas formuladas reiteradamente por Estados Unidos hacia la política industrial de Pekín.
El encuentro de Asheville reunirá así varios de los principales frentes de la política económica internacional: la presión estadounidense contra Irán, las relaciones entre Washington y Pekín, los desequilibrios comerciales y la preocupación por las cadenas mundiales de suministro.
La capacidad de Estados Unidos para conseguir respaldo a su estrategia contra Teherán dependerá, sin embargo, de las posiciones de economías que mantienen intereses comerciales propios en Irán y que no necesariamente comparten el alcance de las sanciones estadounidenses. Las conversaciones de Asheville permitirán medir hasta dónde están dispuestos los miembros del G20 a acompañar esa presión.


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